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Llegó el momento de abrir la puerta de casa, empieza un nuevo recorrido en el colegio.

El momento de ingreso a la escolaridad llena de felicidad a la familia, porque nuestro niño está más grande. Aparecen dudas, incertidumbre en relación a cómo será el grupo de pertenencia, sus docentes, amigos. Por otra parte nos preguntamos si podremos acompañarlos en su trayectoria escolar, siendo parte activa de este recorrido.
Debemos pensar que esta primera salida del ámbito familiar remite a un  abandono de las relaciones tempranas, de las certezas familiares, con la obligatoriedad de la pertenencia a una institución donde hay otros adultos con autoridad que no son los padres. Los niños participan de actividades con otros niños que no son los hermanos y se construyen otros aprendizajes que no son los domésticos. Se rompen las relaciones y lazos primarios como exclusivos  y se incorpora la novedad coparticipativa de personajes, informaciones y conocimientos, que sustituyen y enriquecen las relaciones originarias, determinando un encuentro de sentidos, que transforman el aprendizaje en significativo. Cuando un niño fracasa en el colegio, siente que fracasa en la vida, y su familia en esos momentos siente lo mismo. Todos conocemos muchos casos de chicos que fracasaban en el colegio y triunfaron en sus actividades posteriores, otros no se recuperaron más, no pudieron seguir como todos. Seguir es la palabra que marca lo esperable en el colegio que todos sigan un ritmo un tiempo , un programa. Cuando un chico siente que fracasa en el colegio, lo afecta en la totalidad de su subjetividad, a la edad de la escolarización toda la vida pasa por el colegio, los amigos, las expectativas de sus padres, el éxito social.

Silvia Bleichmar, Psicoanalista,  conceptualizaba el temor de los padres a que el niño quede excluido de la cadena productiva, perdiendo la posibilidad de la construcción de un sujeto para quedarse centrado en la administración del conocimiento. Hablaba de la violencia que implícita en la expectativa que se deposita en el deseo que el niño “logre todo ya”. 

Nos preguntamos, cómo se siente la familia , los padres y el mismo niño que no logra todo inmediatamente? ¿Cómo acompañarlo sin transmitirles nuestras propios miedos al fracaso? ¿ Cómo pensar a este niño que no logra alcanzar los objetivos escolares. ¿sufre, padece..? ¿Hay salidas posibles?

Desde nuestra experiencia sabemos que abordando la problemática familiar e individual podemos lograr cambios significativos. Destacamos la importancia del trabajo en conjunto armando una red de trabajo con la familia, colegio, y el espacio terapéutico.

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