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Estamos inmersos en esta nueva realidad, nuestros hijos e hijas transitan HOY la doble escolaridad: van algunos días presencial, otros días no van, otros se conectan de modo virtual, otros se aíslan y otros nada de todo esto. Este es el Presente y debemos transitarlo.
Tanto la presencialidad como la virtualidad podemos pensarlas como oportunidades para que los alumnos y alumnas se encuentren en un tiempo y espacio diferente con la Escuela, con los docentes, con los compañeros, con las familias. Sus cuerpos, sus miradas y gestos, sus voces serán escuchadas de otra manera, observadas a través de la pantalla o del barbijo, construyendo otro modo de vincularse, distinto al conocido hasta fines de 2019. Es mejor? ¿Es peor?
Es diferente y desde ahí partimos.
Esta es una posibilidad de construir entre los actores escolares, una nueva manera de enseñanza-aprendizaje, siendo flexibles frente a lo eventual, brindándoles a esos niños y niñas herramientas para sortear el día a día.
Al transmitirles nuestras propias limitaciones como adultos frente a esta situación repentina pero constante que estamos viviendo con la Pandemia y el aislamiento, les acotamos a ellos, la posibilidad de probar, experimentar e ir construyendo nuevos modos de acercarse al saber, a pares y adultos.
Cada uno de estos actores escolares, infantes, púberes o adolescentes, son protagonistas de esta nueva escolaridad; construyendo así su propia trayectoria escolar, con el plus que la pandemia les está enseñando a vivenciar.
Así nos encontraremos en la Presencialidad con cuerpos más o menos inquietos, que se chocan con otros para encontrarse, para saludarse o reconocerse en el espacio escolar; con docentes que, a través del barbijo, transmiten contenidos y miran cálidamente a su alumnado promoviendo aprendizajes constructivos y creativos. Docentes que alojan y contienen las adversidades de los que quedan más alejados de este recorrido; Familias que acompañan a sus niños-as, sosteniendo que la Escuela sigue siendo un lugar socializador, de cambios y posibilitadora de encuentros.
Así nos encontramos en la Virtualidad intentando dar continuidad al ciclo escolar, sosteniendo el espacio áulico a través de la imagen, del color, del sonido captando la atención de los niños y las niñas, con recursos novedosos que les generen inquietudes y pongan en juego su imaginación. Que los docentes mantengan el lugar como recreadores del espacio pedagógico con las exigencias que el entorno actual les presenta y la flexibilidad que el mismo remite. Que las familias sostengan y acompañen a cada uno de sus hijos-as intentando hacer que el aislamiento social, preventivo y obligatorio no sea un aislamiento afectivo.
El objeto transicional (Winnicott) para algunos niños-as mediatiza la separación del bebé con la madre. Es un espacio creador, único, valioso y nuevo.
La invitación es pensarnos como familias dentro de esta nueva realidad; lograr construir un espacio intermedio, entre lo presencial y lo virtual donde nuestros hijos -as elaboren y vivencien de la mejor manera esta nueva normalidad.
Sabemos o deseamos que esto durará un tiempo, que luego regresaremos a la presencialidad pero también contaremos con otros recursos, tanto reales como psíquicos, habremos aprendido tener mayor plasticidad frente a las adversidades que no podemos controlar, que se nos escapan de nuestras manos. Habremos enseñado a nuestros hijos, que podemos y debemos frente a situaciones de caos, generar soluciones creativas.
La creatividad consiste en irse por las ramas sin perder de vista el árbol.






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Comienza el año escolar, con grandes incertidumbres para todos.

Los padres desean que sus hijos e hijas retomen sus actividades, se encuentren con los pares, con las rutinas diarias, con la organización que el colegio suele ofrecer.

La pandemia aún persiste, pero es necesario regresar, todos hemos valorado de otra manera la función social y educativa de la escuela presencial. Si bien algunos colegios estuvieron presentes de modo virtual, lo niños necesitan habitar las aulas nuevamente, encontrarse cuerpo a cuerpo con los otros, correr, pelear, gritar, reir con sus amigos.

Las escuelas los necesitan a ellos para que su función esté completa, y se desarrolle la vida de un modo más parecido a la normalidad anterior. No será igual por ahora, pero todos valoramos el encuentro escolar de otra manera.

Surgen preguntas de los padres acerca de cómo será este regreso, desde cada hijo,

– ¿se quedará contento en el jardín? Justo lo había cambiado de escuela…

– ¿cómo continuará aprendiendo si aún no logró apropiarse de los contenidos anteriores?

-El mío siempre necesitó apoyo escolar: ¿debería agregarle más clases particulares?

 -A mi hijo le resultaba muy difícil el encuentro con los pares, peleaba y molestaba ¿cómo será ahora?

En principio, vamos a retomar la idea de “un niño que va siendo”, que queremos decir con esto, que nada en la infancia, pubertad y adolescencia es estático, sino que ese sujeto infante, va cambiando y constituyéndose a través de las experiencias que va viviendo, que le van pasando.

La familia ocupa un lugar privilegiado para acompañar estos procesos de crecimiento. Pensar que todo lo va a determinar el exterior es no reconocer la potencialidad que tiene cada sujeto niño o niña.

Todos estos meses que estuvieron en casa, habilitaron a que sus padres pudiesen observarlos y comenzar a descubrir algunas facetas no tan conocidas por ellos.

Proponemos  que ahora les ofrezcan tiempos, no tan apurados, como dice la canción de María E. Walsh.

Una infancia esperable es aquella en la que los niños salen a buscar aquello que desean, explorando el mundo por venir. No son lo que la familia espera de ellos exclusivamente sino que irán ocupando nuevos lugares y posiciones. Como padres, siempre acompañándolos brindando la confianza y seguridad.

El aprendizaje desde el inicio, tanto en el orden familiar o escolar ,surge de lo que no puede ser, lograr ubicarse en un lugar de no saber; la inteligencia está ligada la capacidad de tolerancia a la inadecuación, a saber frustrarse, aceptar las diferencias.

Acompañar en esta vuelta al colegio, es acompañar la incertidumbre, los miedos, los llantos, los enojos y las alegrías. Es poder confiar en ese otro, en la legalidad del marco escolar. Es ofrecerles una mirada que ayude a los niños y niñas a recuperar la confianza en La Escuela, que vuelvan a sentir que van a continuar aprendiendo con las herramientas que tienen y las que se irán construyendo durante los nuevos tiempos venideros. La incertidumbre que acompañó a padres y docentes durante la cuarentena y el aislamiento social, hoy se presenta con otro formato.

Muchos padres de niños pequeños se encuentran en la búsqueda de jardines para sus hijos. La mejor escuela no existe. Así como ninguna situación es ideal en la vida en general. Existen espacios de alegría y juegos con pares y docentes muy comprometidos con su profesión.

Fueron muchos meses de ser padres, docentes y trabajadores en el mismo espacio y tiempo compartido con los niños y niñas. Hoy es otro tiempo, el de recuperar el espacio Escuela.

Seguramente si la familia se siente confiada y lo transmite el niño-a también lo sentirá. Tiendan una mano fuerte que sostenga y que pueda ir soltando para que otras manos los sostengan cuando ustedes salgan del juego.

Lic. Andrea Grinberg                              Lic. Claudia Buleczka

Psicóloga                                                  Psicopedagoga

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Somos docentes

Cuando se estudia para docente y se ejerce por muchos años esta profesión, ya no hay vuelta atrás, sos docente!!

Sos docente para hablar, para ir a hacer las compras y para explicar una receta.

Sos docente en el aula, en la sala, en la cátedra pero también afuera de estos espacios, no solo te formaste sino que te hiciste, te construiste educador, pareciera que es una misión en la vida: Explicar todo varias veces y con distintos recursos para que todos te entiendan.

Tenés aparte otra profesión o trabajo pero seguís actuando como si estuvieses dando clase.

A veces esto complica las cosas, lo sabemos, pero no estamos dispuestos a cambiarlo, aunque pasemos años de terapia hablando de la maestra/ maestro que llevamos adentro…

Por suerte en esta pandemia estamos los docentes, listos, preparados y esperando detrás de la pantalla.

Empezamos usando pantallas que no sabíamos usar, hicimos un doctorado en zoom, nos probamos, inseguros. Nos vemos todo el día en primer plano…Enfrentándonos a nuestras propias vulnerabilidades. Estamos sobre expuestos a nuestra propia imagen. Hoy más que nunca todos nos escuchan y cada palabra resuena en las casas de distintos modos.

Estamos en un aula nueva, con características diferentes. Tenés que tener todo preparado, porque si te movés del lugar los chicos se te van y…¿cómo seguimos?

No tenemos aulas y acá estamos, desde acá transmitimos. Esta pandemia visibilizó las casas, los contextos, nuestras propias vulnerabilidades y la de los alumnos y familias.

Todos quedamos expuestos, con menos apariencias para esconder.

Lo más doloroso fue darnos cuenta acerca de la fragilidad humana. Perder las seguridades a las que nos aferrábamos.

Para los docentes, la escuela era un lugar seguro, sabíamos que hacer, como enseñar, cómo ayudar a ese niño que le está costando aprender.

La escuela era nuestro lugar de encuentro con pares, charlas en pasillos, comentarios al pasar. Algún consejo a padres que se acercaban a preguntar.

“Puntos de anclaje, lugares dónde trabajo, a qué hora vuelvo a casa, cuándo voy al colegio, y cuándo salgo de vacaciones o es fin de semana,” Las regularidades de nuestro sistema de vida,  nos brindan seguridad, nos aferran a una rutina, marcan un sentido”

Ahora todo cambió para ayudar y ser solidario hay que aislarse del otro, pero sin abandonarlo. Nos desafió a buscar formas de estar con los otros.

Estamos en una situación compleja, y sabemos que lo complejo no tiene respuestas simples.

Primero aclaremos: La escuela no se trasladó a las casas! Se siguió manteniendo escuela a través de las pantallas y plataformas educativas.

El lugar físico cambió, las estrategias se modificaron.

No somos víctimas, somos gente creativa que salió a decir acá estamos y seguimos enseñando. No soltamos el lazo, intentamos seguir enlazados. Continuamos los vínculos pedagógicos, imprescindibles para mantener y  sostener a ese sujeto .” Acompañar es estar, en esa pronunciación profunda “del Heme aquí”, como Estado, como Escuela, como adultos responsables que sostienen

Lic. Graciela Szbyer.

El virus nos puso distancia pero no nos impidió continuar contactándonos,

Tal vez, nuestra mayor apuesta en este momento, es no perder los aspectos vinculares, el afecto y la escucha sensible, continuar conectando con la emoción del niño que nos espera cada día frente a una pantalla.

El docente continuó como acompañante afectivo, más que nunca siendo figura de sostén, el otro significante y mediador cultural, continuamos compartiendo expresiones mutuas de afecto a través de la palabra. Desplegando andamiajes con lo que tenemos.

La palabra va dando sentidos y significados ofreciendo afecto y seguridad en esta situación de inseguridad que nos atraviesa.

Sobran las palabras:

Sala de jardín, grupo de 5 años reunión por “zoom”, una nene muestra una guitarra nueva que le regalaron, un amiga propone: Y si traemos otros instrumentos y armamos una banda?”

 Ofrecemos un espacio para la escucha de los docentes, co- pensando acerca de lo que van viviendo en esta época, cómo acompañar este rol tan cambiante y que les impone nuevos desafíos para seguir transitando. Es por eso que proponemos espacios de co-visión y de armado de propuestas interactivas para acompañarlos en este nuevo “ser docente”.

Lic. Claudia buleczka         Lic. Andrea Grinberg.

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